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Diego Rossel: Un chileno que aprende el lenguaje Hadid

Desde la Universidad de Chile, pasando por la Architectural Association, hasta Zaha Hadid Architects, la carrera de Diego Rossel está llena de logros. Con sólo 28 años, el arquitecto chilenao ya se perfila como un experto en recursos digitales de nivel internacional.

A fines de octubre del año pasado, en un barrio al este de Londres, una de las arquitectas más destacadas de la actualidad- la primera mujer en ganar un Premio Pritzker- celebra su cumpleaños número 60. En un galpón intervenido con formas serpenteantes y futuristas - como las que caracterizan su obra- danzas árabes entretenían a los invitados, y entre ellos había muchas celebridades del arte, el diseño y la arquitectura. Diego Rossel estaba ahí y, aunque llevaba algunos meses trabajando para ella, ese fue el primer contacto cercano que tuvo una Zaha Hadid. Hasta se momento, sólo la había visto en los pasillos -imponente, siempre vestida en los tonos más oscuros de Issey Miyake- durante los cortos períodos en que ella no estaba viajando.

En el trabajo del día a día, Diego Rossel -chileno, arquitecto, 28 años, casado hace dos- se entiende más frecuentemente con Patrik Schumacher, la persona que lo llevó a la oficina, el único socio de Hadid. Desde que entró, en febrero de 2010, Diego forma parte del equipo que desarrolla uno de los proyectos más importantes dentro del plan de modernización urbana de Amán, la capital del reino de Jordania. Se trata del King Abdullah II House of Culture and Art, un edificio que en 26.800 m2 incluirá un teatro para conciertos con 1.600 butacas, otro de 400 para artes escénicas, un centro educacional, salas de ensayo, galerías de arte y restoranes.

El rol de Diego en este proyecto es fundamental: para generar todas las formas complejas que implica una obra de Zaha Hadid Architects, combina software utilizados comúnmente en arquitectura con otros especialmente creados para concebir aviones y autos. "Las exigencias del diseño son difíciles de materializar, sobre todo a nivel de terminaciones que entrega la oficina", explica Diego.

Las cabezas de la firma están sobre todos los proyectos, vigilando que su sello distintivo esté siempre presente y correctamente interpretado. "La oficina tiene un lenguaje reconocido, una arquitectura fluida que busca frenéticamente la continuidad, en la cual es difícil diferenciar entre muros y suelos. Ese lenguaje se adquiere en la práctica observando a los que llevan más tiempo. Como aprendizaje, para mí ha sido muy valioso. Me ha permitido viajar a Beirut, a Amán, trabajar en un medio internacional, que es algo bastante distante a la realidad chilena".

Diego Rossel se fue a Inglaterra a los 25 años y la obra de mayor envergadura que dejó en Chile es el Paseo Altamirano, en Valparaíso, donde colaboró con Emilio Marín. Desde que se graduó con distinción máxima en la Universidad de Chile se dedicó principalmente a enseñar. Hoy, a la distancia, sigue siendo académico y realiza investigaciones para su escuela. Recientemente ha estado entrevistando a arquitectos eminentes en el uso de herramientas digitales, como Mark Burry, encargado de la remodelación del Templo de la sagrada Familia en Barcelona.

- Hay muchos mitos y desinformación respecto al tema, también mucho encandilamiento por las posibilidades que entrega. Yo las aplico en proyectos reales y me doy cuenta de las diferencias. Usamos esos recursos, un poco más avanzados, para resolver aspectos geométricos que no podríamos lograr con las herramientas tradicionales. Pero el trabajo es básicamente el mismo, tienes que lidiar con la estructura, con los clientes, hacer que todas las cosas calcen, funcionen y se vean bien. Hoy es difícil pensar en una arquitectura que no emplee recursos digitales.

Entró al ambiente académico gracias a su proyecto de título, que fue elegido el mejor del año 2006 y representó a la Universidad de Chile en la Bienal de Arquitectura. Se llamaba "Sutura" y a través de un parque sobre la autopista Panamericana Sur conectaba las comunas de Pedro Aguirre Cerda y San Miguel: "El parque era soportado por un mal. Se trataba de usar la fuerza del enemigo, en este caso la autopista y los automovilistas, a favor de la gente que transita por ahí y generar cierto desarrollo urbano que no existe".

Esos reconocimientos, y los lugares destacados que consiguió en concursos de arte, le permitieron tener un currículo suficientemente notable como para ser aceptado en la Architectural Association de Londres, de donde salieron profesionales como David Chipperfield y la misma Zaha Hadid.

Su programa de estudios en la AA se basaba en cómo usar ciertos modelos y técnicas digitales para analizar en profundidad algunos fenómenos y simularlos. Diego aplicó esas técnicas en un proyecto de intervención en zonas que son imposibles de habitar debido a las mareas del río Támesis: "Propuse una estrategias para ocuparlos, tratando de hacer una arquitectura más flexible a las condiciones del ambiente, básicamente un sistema constructivo que se adaptaba a estos cambios de marea y generaba ciertas plataformas habitables". Una vez más obtuvo la nota máxima y su proyecto fue publicado en varias revistas, expuesto en Londres, Grecia y en el Centro Pompidou de París.

Patrik Schumacher es tutor en la AA y estaba en el jurado el día de la presentación final. Al término, citó a Diego en su oficina y después de ver su trabajo anterior dijo que estaría encantado de tener un arquitecto chileno trabajando con él. "Los clientes y presupuestos que tenemos acá son imposibles de repetir en Chile, pero creo que allá podemos hacer muchas cosas, con más ingenio que presupuesto", dice Diego, que aún no tiene fecha, pero sí muchas ganas de volver y aportar desde la experiencia que está ganando. VD

Publicado el 2 de abril de 2011, vía Revista El Sábado, El Mercurio

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Texto: Pablo Andulce Troncoso

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