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Facultad de Arquitectura y Urbanismo

La era pre mall

Revista Vivienda y Decoración de El Mercurio

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Las fluctuaciones de la economía y las necesidades del comercio influyeron en la arquitectura y la configuración de Santiago durante los 80. Esas condiciones dieron origen a fenómenos con vocación comercial que son característicos de la época. Mientras algunos gozan de su vigencia, muchos resisten y varios se hunden.

Él le mandó una solicitud de amistad en Facebook. Ella aceptó y le dio "Me gusta" a su foto de perfil. Un día, Foursquare les indicó que estaban cerca. Eso fue en Lollapalooza. Se textearon, se conocieron, se gustaron. Desde que salen se encuentran después de la universidad, muchas veces en malls como el Parque Arauco y el Costanera Center.

Gran parte de esta historia, muy posible ahora, habría sido de ciencia ficción en los 80. Cuando las estrellas que nos visitaban eran pocas y venían de países cercanos; las fotos se revelaban y sólo los ejércitos usaban GPS; la gente se conocía cara a cara y el "lolerío" se juntaba en lugares como los caracoles de Providencia, el Drugstore y los Cobres de Vitacura.

Los 80 estuvieron marcados por una serie de conflictos, crisis y cambios políticos, económicos y sociales, que influyeron en la configuración de Santiago. La ciudad crecía, se transformaba, y las nuevas formas que adoptaba el comercio eran una de las grandes razones. La oficina de Mario Pérez de Arce Lavín fue protagonista de esa evolución. El hijo del fallecido premio nacional, también llamado Mario Pérez de Arce, mantiene la firma vigente y ha participado en sus proyectos más reconocidos. Para él, la intención de colectivizar el comercio y reunir una oferta diversa para un público mejor dispuesto a consumir es una de las características de lo que se construía por esos, los años en que pasamos del almacén al centro comercial.

-Cuando hicimos el edificio La Merced (1982), una persona propuso con mucho énfasis la idea de un caracol -recuerda Pérez de Arce-. Nosotros nos opusimos y construimos este edificio con un gran piso comercial porque nos parecía que la base de esas construcciones estaba mal concebida. Los caracoles pretendían trasladar el alto valor de un primer piso hasta un tercero, un cuarto y subterráneos. Al mismo tiempo ofrecían locales reducidos, de muy bajo costo.

Esa tipología creaba la ilusión de un primer piso continuo -o al menos duplicado-, de "hacer leso al público" -dice Pérez de Arce riendo-, que puede ser perezoso cuando no cuenta con escaleras automáticas. Pero no era la única promesa. Aunque la instalación de bancos significó un fracaso comercial, ésa era la intención del zócalo del edificio La Merced, de los patios que diseñó su padre y Jorge Aguirre entre Los Leones y Luis Thayer Ojeda, de otros similares que construyó Cristián Boza más arriba, de Los Cobres de Vitacura y del Omnium, que según él tiene una madre caracol y un padre mall.

-La hegemonía comercial de Avda. Providencia comenzó a romperse en ese tiempo. No estaba claro aún si la sociedad iba a ratificar los centros comerciales que se alejaban (hacia el oriente). Finalmente los mall se impusieron y dijeron "aquí se concentra el comercio y punto". El Parque Arauco desvistió Providencia. Se acabaron las tiendas, las heladerías, las librerías y quedaron sólo bancos y financieras. Fue terrible. Demoró mucho, pero por fortuna se rearmó -dice Pérez de Arce, quien habita el barrio desde los 60.

Así se explica que el caracol Los Leones, una obra de Melvin Villarroel y Eugenio Guzmán hoy sirva de bodega.

Auge y caída

Hay uno en Zaragoza y otro en Quito. El resto de caracoles del mundo se encuentra entre Antofagasta y Punta Arenas, y la mayoría se concentra en Santiago. Su origen y proliferación se asocia con la operación impulsada por el urbanista Germán Bannen -entre 1974 y 1980- para vitalizar Providencia: la municipalidad costeaba nuevas calles y paseos mientras particulares se instalaban con comercio en ellos; todo en el nuevo contexto del libre mercado. A eso se sumó la política gubernamental que declaraba el suelo urbano como escaso y elevaba su valor, y la inauguración de la línea 1 del Metro de Santiago en 1975. Éstos son sólo algunos de los antecedentes que maneja el arquitecto Mario Marchant después de estudiar el fenómeno.

Se suele señalar al Guggenheim de Nueva York como el referente de estas construcciones. Pero en San Francisco él encontró un ejemplo -también obra de Frank Lloyd Wright- construido antes que el museo y mucho más parecido al modelo chileno. Se trataba de un edificio situado entre otros dos, que ascendía en espiral, con el mismo vacío central, y cuyos muros estaban llenos de pequeñas cápsulas como peceras para exhibir las joyas que se vendían ahí. Marchant comenzó hacer conexiones. Años después postuló a fondos para hacer una investigación formal. Ésta concluyó en una exposición en la Galería AFA, con un registro fotográfico de Cristóbal Palma y la curatoría de Camilo Yáñez.

En el mismo local desde 1983, Alberto Jadue, dueño de la librería Quimera, en el Dos Caracoles, puede hablar con propiedad del esplendor de los primeros años y supervivencia de hoy:

-Aquí había boutiques de peletería, joyas y zapatos. Vi una oportunidad y me instalé. Pero esta estructura mantiene hasta hoy una falla: no hay dónde tomar un café, tampoco servicios higiénicos. A fines de los 80 se había trasladado todo el mundo al Parque Arauco. El público del caracol es fiel al proveedor del producto que consume. Mi librería sobrevive por eso. Muchas tiendas son de pequeños comerciantes y diseñadoras que hacen ellas mismas su ropa.

La disquería desde la cual Paula Zobeck disjockeaba para todo el Caracol Los Leones no tuvo suerte. Hoy es la bodega de lo que no cabe en su local del Drugstore, donde llegó antes.

-Nunca ha habido algo igual en la historia de este país -dice categórica una mujer que entonces comenzaba a adquirir su estatus de icono de la moda-. Te encontrabas con tiendas de onda, atendidas por sus dueños. El sábado te podías demorar una hora en caminar de arriba a abajo porque no cabía la gente. Era EL suceso. La cafetería era genial, las decoraciones eran geniales. Mi disquería tenía todas las paredes cubiertas con una piel rosada, como medio Marilyn Monroe. Había un concepto más artístico y experimental detrás. En ese tiempo las camisas eran lo más fome y los hombres hacían fila para comprar las de Mario Ramírez. La onda estaba en el subterráneo, con el café de Pancho Toro, Muebles Sur, Anatómica, Javier y otras boutiques. Empezó a decaer con el Apumanque, el Panorámico y el resto de los malls.

A pesar de que surgió durante los 70, la Galería Drugstore se mantiene vigente. El arquitecto a cargo del boulevard y dueño de la tienda de decoración Urban Chic, Marcelo Varetto, cuenta que a los nuevos locales y al café del subterráneo se sumarán barandas de vidrio y metal, iluminación más moderna y una remodelación completa del pasillo hacia Las Urbinas y el espacio central.

Más arriba, en Apoquindo, la sociedad de la que forma parte Patricio Swett, que maneja el 40% del centro comercial Omnium, ha hecho una gran inversión para dar un aspecto moderno al espacio donde funcionó la mítica discoteque Gente. Y ahora sólo espera obtener las patentes para abrir sus puertas a personas como él, que visitó el local desde los comienzos, y a las empresas que quieran celebrar eventos.

El proyecto Omnium -que llevó a la quiebra a la constructora Bertin, Fernández y Wood, por efecto de las crisis de los 80- integraba un centro comercial, un bowling, salas de cine, un hotel que no se alcanzó a construir -cuyos cimientos tuvieron que ser rematados- y el primer recinto pensado desde el principio para ser una discoteque. Con pantallas gigantes y proyectores que habían usado los Rolling Stones en una gira y un computador que sincronizaba el audio con las luces, ésta se mantuvo por muchos años como la de mayor tecnología en Sudamérica. En plena época del toque de queda, con apoyo de un grupo electrógeno en caso de apagón, "el Gente" se inauguró el 2 de diciembre de 1982, con una fiesta a la que asistió el mismísimo Julio Iglesias.

-Te podían asesinar por una entrada -recuerda Luis Undurraga, uno de los dueños originales-. Todos los que venían a los estelares de Antonio Vodanovic iban para allá con él: Margaux Hemingway (modelo y actriz), la bailarina de Flashdance, unos españoles con abanicos y zapatos raros que no conocía nadie y terminaron siendo un éxito (Locomía), el Puma Rodríguez, G.I.T., Soda Stereo; todos los cantantes nacionales y muchos políticos de hoy.

Quince años después, Luis Undurraga se cansó y no apareció más por el local. Su socio continuó con "el Gente sin Alcohol". Los dueños actuales lo compraron como un Teletrak.

Para el diseño de Los Cobres de Vitacura, en 1977, Jaime Bendersky hizo una sucesión de octágonos que permitía un recorrido variable por dos pisos de tiendas. Esa configuración, sumada a una cancha de patinaje en el centro y un multicine hacía de éste un proyecto inédito que mezclaba entretención y comercio. Si esa condición no se mantuvo en el tiempo, para Gabriel Bendersky, hijo de Jaime y también arquitecto, obedece al modelo de administración.

-Los locales se vendían. Si al propietario le iba mal y tenía que bajar la cortina, eso iba en desmedro de la imagen del conjunto. Ocurrió que cada locatario arrendaba sin atender a un estándar. Cosa que no pasa en los malls, donde una administración centralizada controla que cuando una tienda fracasa la reemplace otra de un nivel similar.

Con respecto a la aparición del Parque Arauco, reconoce tener sentimientos encontrados: "Mi papá fue uno de los responsables de que se insertara el modelo en Chile. Pero como arquitecto considero que los malls son los responsables de la pérdida del uso del espacio público, de que la gente dejara de usar las plazas y las calles y se encerrara en estos lugares, con una realidad bastante artificial. Ahora estamos llenos de ellos".

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Publicado el sábado 7 de julio de 2012, Vía Revista Vivienda y Decoración / El Mercurio

Texto, Pablo Andulce Troncoso Fotografías, Carla Pinilla Grandé y Viviana Morales.

Lunes 9 de julio de 2012

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