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Facultad de Arquitectura y Urbanismo

El desafío de un viejo obrero

Vivienda y Decoración

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Matta no es el barrio de moda, pero en él pasan cosas. Vecinos que se movilizan, que piden una declaración de Zona Típica que proteja aquellas construcciones que son patrimonio del mundo obrero chileno. Un barrio semi industrial, donde bajo una dinámica provinciana, bulliciosa, de talleres y cités, vive una movida cultural casi invisible para ojos foráneos. Un barrio que desafía a saber mirar, a descubrir belleza en la pobreza y a leer la historia en sus fachadas.

Cuando mejor se ve Matta es de noche. O en la madrugada, cuando el silencio sube el volumen de sus sonidos propios y se escuchan ronronear los gatos o alguna botella que se quiebra a lo lejos, sobre los adoquines. Ese Matta, invisible para muchos, es el barrio que Leonora Vicuña disfruta en su propio horario. Fotógrafa y residente, lo camina de noche, sin autos, cuando los focos de sodio le muestran lo que quiere ver, sin gentío ni bocinas.

De visita donde sus tías Vicuña, lo conoció desde chica, pero sólo después de vivir por muchos años en Europa lo escogió para instalarse. Tal vez porque allá aprendió las claves para mirarlo y disfrutar de ese aire un poco provinciano con que vive una actividad incesante de ventas, distribuidoras y talleres.

Matta es casi una pequeña comuna con límites enormes, entre calles Vicuña Mackenna, 10 de Julio, la Norte-Sur, canal Zanjón de la Aguada. Un conjunto de polos dispersos, eso sí, separados por vías ruidosas, lo que hace imposible asumir como un todo la diversidad de sus mundos independientes, que si algo comparten es la amenaza de que la modernidad decida asentarse por completo sobre su patrimonio histórico.

Uno de los sectores con más carácter es Matta Sur. Los vecinos del cuadrante Coquimbo, Placer, Vicuña Mackenna y Viel trabajan por una declaratoria de Zona Típica que proteja sus cités, las grandes casas, sus cuadras y cuadras de fachadas continuas, las construcciones con firma de Luciano Kulchevsky que marcan todo un tramo en las calles Porvenir, Madrid, Cuevas y Coquimbo, con preciosa arquitectura en un sector eminentemente obrero. "Que permita ordenar el desarrollo inmobiliario de la zona y así conservar la escala humana con que el barrio se ha desarrollado desde mediados del siglo XIX", resume Patricio Bahamondez, integrante del Centro Cultural Patrimonio Matta Sur.

-Esto no alcanzó a ser como calle República. Es un poquito más provinciano, se quedó a medio camino porque se construyeron estas arterias tan grandes que lo cortaban. Santa Rosa fue siempre un pasadero. Acá también hay casonas de cierto señorío, de clases sociales acomodadas pero no ostentosas, que compartieron territorio con todo un mundo artesanal, casi suburbano -dice Leonora.

Ni sus amistades ni los mismos vecinos comprenden sus paseos. La mayoría no ve lo que ella busca entre el deterioro. "No tenemos el don de apreciar las cosas. El Mercado Central es el quinto mejor mercado del mundo, y lo valoran los extranjeros, dueños de un savoir vivre que no tiene el común de los chilenos... Yo ando mirando la luz en una cornisa; la ropa colgando, tal como en Génova, donde a veces amarran los alambres desde los postes, y es fascinante".

Desde su origen el Barrio Matta ha sido "el patio trasero de Santiago", recuerda sin anestesia Yasna Contreras, doctora en urbanismo y profesora de Geografía de la Universidad de Chile. "Los usos más deteriorantes de la ciudad se concentraron al sur de la Alameda. Era el espacio para acoger industrias, talleres, el matadero, y toda el área de residencia de esa zona obrera, popular".

Y hace hincapié en que ése es su gran valor.

"Un innegable valor histórico" que concentra, para Patricio Bahamondez, el florecimiento industrial y de migración desde los campos a la ciudad, y la llegada de colonias rusas, italianas, comerciantes que se instalaron en el sector Franklin. "Este es un barrio viejo y pobre, dueño de una historia muy bonita tras sus fachadas continuas, una que no tiene la historia de Yungay, que es más aristocrático. Esto es más sencillo, pero tiene todo el patrimonio del mundo obrero chileno".

Algo de lo que tampoco tienen conciencia todos sus vecinos. "La mayoría de la gente no entiende para qué fotografío porque no valora su espacio; lo quiere, pero no lo considera importante. Aquí hay mucha pobreza escondida; muchos ancianos viviendo en lugares muy abandonados, enfrentando el proceso previo a la demolición, ése que consiste en convencerlos de que esto no vale nada".

La chispa se mantiene encendida en el mundo de los jóvenes. "Están los chicos de Casa Danza: en calle Cuevas viven y hacen talleres abiertos; está el Grupo Bufo; también los uruguayos que los sábados, en la Plaza Bogotá, hacen la murga tal como en su país, un espectáculo callejero con baile y música. Hay harta movida, pero es una movida transparente, invisible; Matta no es el barrio de moda", dice Bahamondez.

Es lo que le gusta a Leonora, que se viva de verdad. Por algo sigue en el departamento de 75 m2 que compró el año 89, donde hoy paga dos mil pesos de gastos comunes. "Mis vecinos más cercanos son un mecánico y su familia; mi hija que ahora está en París estudiando cine, era muy amiga de sus hijos; también hay una mujer mayor a quien lo que más le gusta es viajar, y viene llegando de Egipto".

La diversidad, el contacto entre distintos mundos es parte del patrimonio, piensa.

-El barrio Italia por ejemplo, es precioso. Pero asusta que tanto arreglo traiga finalmente una impostación y se vaya la gente original. Todo queda tiqui taca, pero artificial. Es un arma de doble filo. Salvas de la demolición, pero le cambias el carácter.

Mientras se espera el plan regulador, las torres crecen, literalmente, con 25, 30 pisos y más. Y el sector suma interés con la próxima llegada de las líneas 3 y 6 del metro. "Nuestra historia es de pequeños talleres, pero con gente comprando cuadras completas donde instalan fábricas y grandes empresas, nos están destruyendo", dice Bahamondez.

Para Yasna Contreras, Matta es la oportunidad para el Municipio de Santiago de construir mejor ciudad: repoblar el barrio con comunidades amigables, con diseños urbanos y verdes interesantes... que respeten las fachadas preexistentes, las alturas."

Nuevamente son los extranjeros quienes mejor saben ver. "Tengo amigos españoles, cuenta Patricio Bahamondez, que se han comprado dos o tres casas, espaciosas, con patios interiores, tres o cuatro dormitorios, piden un préstamo y a los dos años ya lo tienen pagado. Para ellos es muy barato, les gusta el barrio y hacen la apuesta".

Se repite la historia, dice Leonora: "Nosotros no lo apreciamos o lo apreciamos tarde, cuando ya no está".

Publicado el sábado 18 de agosto de 2012, Vía Vivienda y Decoración - El Mercurio / Página 48

Texto, Paula Donoso Barros / Fotografías, Viviana Morales

Martes 21 de agosto de 2012

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